“¿Qué es la muerte?”

No volver a quedar con los amigos para cenar un viernes después del trabajo, no poder escuchar el My Way de Sinatra mientras te duchas, no volver a ir al estadio de fútbol de tu equipo a ver un partido de Copa de Europa,  no tomarte solo un gin fizz o un dry martini antes de salir de fiesta,  no pasar un fin de semana en casa de tus padres  entregándote a leer y beber café, no salir a correr bien abrigado muerto de frío por El Retiro, no organizar unas vacaciones con tus amigos, no leer el periódico un sábado de primavera en una terraza mientras tomas un vermú, no atreverte a besar a una chica por primera vez después de una cena, no…

And now the end is near
And so I face the final curtain

“Sé perfectamente que el día en que me muera no echaré de menos los grandes acontecimientos que haya podido vivir, sino el perfume del café con las tostadas del desayuno y otras pequeñas sensaciones, por ejemplo, estirar la pierna hacia el lado fresco de la sábana en las mañanas de primavera y algunas sobremesas divertidas que he celebrado con los amigos.

¿Qué es la muerte? Joan Fuster decía que morir sería dejar de escribir. Por mi parte creo que la muerte será no poder tomar nunca más uno de esos erizos de mar acompañados de un vino seco, bajo el humo dormido de las calmas de enero, a orillas del Mediterráneo, y no volver a probar otros manjares sencillos, naturales y terrestres que me han alimentado”.

Manuel Vincent (Comer y Beber a mi Manera.  2006)

Una ruta por Madrid con Manuel Jabois

Manuel o Jabo o Manolito o Jabois (creo que no conozco a nadie que responda a tantos nombres) acababa de regresar de Brasil de narrar para el periódico El Mundo el mundial de fútbol. Yo había salido a comprar el último libro de José Luis Garci (Foot-ball Days & Otras Taquicardias POP). Era un sábado de julio que amanecía tranquilo.

La primera parada sin destino fue en la terraza de Cappucinno (Plaza de la Independencia, 5). Creo que cayeron tres Pimm’s, por cabeza, mientras me contaba anécdotas de Brasil y de cómo planificaba sus próximas semanas veraniegas en San Xenxo. El Pimm’s no pareció subirnos mucho (o eso creíamos), hecho que le trasladó Manuel a David Gistau. Gistau es de la opinión de que los mejores Pimm’s de Madrid “los más heterodoxos” – creo recordar que le dijo a Jabo – son los que se preparan en Sudestada (Calle Ponzano, 85). Hablamos de Enric González, de vivir en Nueva York y de las minifaldas que paseaban por delante de la terraza.  También de que había escrito un artículo sobre Costa Rica que gustó mucho allí, por lo que animaría a los Ticos en lo que restaba de mundial. Ese día eliminaron a Costa Rica.

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El sol hizo efecto y buscamos cobijo en algún lugar con aire acondicionado. Comimos en Válgame Dios (Calle de Augusto Figueroa, 43) en  una de esas mesas bajas que tienen sillones con cojines donde puedes recostarte, casi tumbarte, ponerte cómodo, un poco más cómodo, y contar anécdotas, exageradas o no, con una botella de vino. A los postres  (es decir, a las copas) apareció nuestro amigo Javi. Acababan de ingresar grave a Alfredo di Stéfano y parece que a ambos les reclamaban para escribir algún obituario. Creo que fue en la segunda copa cuando Jabois y Javi me dijeron que el mejor libro de Loriga es Lo Peor De Todo. Yo sigo defendiendo que es Héroes, pero los escritores son ellos.

Con dos o tres copas (gin tonics o vodka tónica) en Válgame – y suficiente vino encima como para pasar de exagerar las anécdotas a  directamente inventárnoslas – decidimos buscar una terraza. Unas caipirinhas en la plaza de Chueca fue el lugar elegido. Sin embargo, las caipirinhas no estuvieron a la altura de los acompañantes, así que mejor obviar el nombre del sitio.

Tras el fracaso de las caipirinhas, nada mejor que resarcirse con El Cisne Azul (Calle de Gravina, 19), a unos pocos pasos de la Plaza de Chueca. Varias copas de Ribera, boletus con vieiras y chuletillas de cabrito mientras Manolo nos decía que le estaba dando una vuelta a escribir un libro de ficción. Parece que ya había un comienzo. Debían ser las nueve de la noche y a Manu le reclamaba su amigo Antonio, el poeta.

Al poeta y sus acompañantes les cojimos en El Rincón (Calle del Espíritu Santo, 26) que tiene una tortilla de patatas gloriosa y una terraza pequeña y muy agradable.

Tras una copa de vino en El Rincón, y viendo que el día iba de excesos volvimos a cenar, ésta vez en Cabreira (Calle Velarde, 13). De allí a tomar un bloody mary a José Alfredo (Calle de Silva, 22), un clásico de la coctelería en Madrid (y de los excesos).

A las dos de la mañana y con tres Pimm’s, no sé cuántas copas de vino, una caipirinha, al menos dos gin tonics y un bloody mary, me volví andando a casa agarrando una bolsa con el nombre de una librería que contenía un libro de Garci. Al sábado de julio que amanecía tranquilo se le había ido la mano.

“¿Qué significa ser un hombre hoy en día?”

http://www.businessinsider.com/the-gselevator-guide-to-being-a-man-2013-9

– Deja de hablar de cuando fuiste a la universidad.

– Siempre lleva efectivo. Ten algo en el bolsillo del pantalón.

– Rebélate del business casual. Quema tus chinos y lleva un traje o unos vaqueros.

– Puedes jugar con la posibilidad de que a tus ochenta o tus noventa te los pases mejor que a los veinte o a los treinta.

– Los mejores baños públicos están en los hoteles. El Saint Regis en Nueva York, Claridge’s en Londres, El Fullerton en Singapur, por nombrar unos pocos.

– Nunca salgas más tarde de medianoche tres días seguidos… a no ser que algo realmente estupendo vaya a pasar la tercera noche.

– Odiarás tus tatuajes.

– Nunca tengas una cita con una ex.

– Hazte Twitter para convertirte en tu propio creador de información.

– Si conducir el autobús no te incentiva a mejorar tu posición social, nada lo hará.

– La vida es demasiado corta para tener que hacerte la colada.

– Cuando el barman te pregunta ya deberías saber que vas a beber.

– Si sudas mucho usa una camiseta interior.

– No tiene que gustarte el béisbol, pero deberías entender el concepto de lo que significa un pitcher ERA (Earned Run Average). http://www.fangraphs.com/fantasy/starting-pitchers-era-xfip-differential-update/

– Cuando no te invitan a una fiesta, no debes ir. E incluso a veces estando invitado no deberías ir.

– La gente está cansada de que seas el típico gracioso borracho.

– En caso de duda, siempre besa a la chica.

– Da más propinas de las que debieras.

– Seguramente uses tu móvil más de lo que debieras y en los momentos equivocados.

– Cómprate una gafas de sol caras. ¿Superficial? Sí, pero así son las mujeres juzgándote. Y es como decirle a estas mujeres que valoras las cosas bonitas y eres lo suficientemente responsable como para no perderlas.

– Si quieres un bonito paraguas, trae uno de mierda a la iglesia.

– Haz 50 flexiones, 50 abdominales y 50 ejercicios de tríceps antes de ducharte todas las mañanas.

– Toma un brunch con amigos, al menos, cada 15 días. Deja a Rusty y Junior en casa.

– Sé cliente habitual de más de un bar.

– Actúa como si ya hubieras estado allí antes. Da igual si estás en la zona de anotación de la Super Bowl o en un avión privado.

– Un vaso de vino, o dos, a la hora de comer no estropeará tu día.

– Es mejor que un hombre mayor te corte el pelo. Pregunta por Sammy en la peluquería del Mandarín Oriental de Hong Kong. Te puede contar sus experiencias sobre la ocupación japonesa, o simplemente dejarte el Playboy.

– Aprende a pescar con mosca.

– Deja los selfies. Aspira a que tus buenos momentos para una foto sean en compañía de una mujer bonita.

– Cómprate un arma hecha a mano. Es algo bonito.

– Siempre hay otro nivel. Simplemente date por satisfecho de que tengas una mejor vida que la mayoría de los que han vivido.

– Podrás salir con mucha más gente si tú eres el que paga las bebidas.

– Pide una ensalada en vez de patatas fritas.

– No dividas una cuenta.

– Las mujeres bonitas que no están acompañadas quieren que hables con ellas.

– Los zapateros salvarán tus zapatos. Así que ponles hormas.

– Cuando el barman te invite a una ronda, dale el doble de propina.

– El cliché es que teniendo dinero no pierdes el tiempo. Pero en realidad, el dinero lo que te da es espontaneidad.

– Sé espontáneo.

– Encuentra una Times New Roman en la calle y una Wingdings en la cama. Existe.

– Los piercings no son buenos en una pelea.

– No uses maquinilla eléctrica.

– Los postres son para las mujeres. Pide uno y finge que no te importa que ella se esté comiendo el tuyo.

– Cómprate un esmoquin antes de los treinta. Mantente en esa talla.

– Probablemente una novia a la vez sea suficiente.

– #DejaLosHastags.

– Tus corbatas tiene que estar enrolladas y colocadas en su cajón de corbatas.

– Haz fiestas. Pero ten a alguien más que limpie al día siguiente.

– Sólo podrás pedirle una canción al DJ.

– Mídete solo con los que eras anteriormente.

– Haz más fotos. Con una cámara.

– Dárselas de conocer muchos sitios es peor que dárselas de conocer a gente.

– Cuando admires el trabajo de un artista o escritor, díselo. Y gástate dinero en adquirir su trabajo.

– Tu ropa no tiene que pegar. Va unida.

– Sí, por supuesto que tienes que pagar la cena de la chica.

– Mantenerte enfadado es malgastar tu energía.

– La venganza puede ser una buena manera de enfadarte más.

– Si ella lo que espera es que seas el 100% del tiempo la persona que eres el 20% del tiempo, es que no te quiere.

– Siempre lleva una botella de algo a las fiestas.

– Evita esa última copa. Probablemente ya  has bebido demasiado.

– Si eres más ingenioso que guapo evita los clubs con ruido.

– Bebe fuera de casa. Y durante el día. Y, algunas veces, para ti.

– Queda con alguna chica que no sea de tu círculo social. Te sorprenderías.

– Si el rollo va de terciopelo y cuerdas, lárgate, a menos, que conozcas a alguien.

– No puedes tener un affair con el whisky porque el whisky nunca te devolverá el amor.

– Fingir que no eres pretencioso es peor que ser pretencioso. Deja ya el polo vintage y esa camioneta Wagoneer del 83 en Nantucket.

– El New Yorker no es de intelectuales. Como tampoco lo es The Economist.

– Si crees en la evolución, deberías saber algo de cómo funciona.

– A nadie le importa si estás ofendido, así que déjalo.

– Comer solo puede ser estupendo. Encuentra un sitio donde puedas sentarte en la barra.

– Lee más. Te permite pedir prestado la inteligencia de alguien, y te hará más interesante en una cena. Siempre que no empieces la conversación con “¿Y a quién estás tú leyendo…?

– Ignora los abucheos. Normalmente vienen de las localidades baratas.

– Las putas no molan. Y recuerda, las que están libres son mucho más caras.

– Nunca digas “las cosas son como son”.

– Comienza una colección de vinos para tus hijos cuando nazcan. Añade unas pocas botellas todos los años sin decirles nada. Será un regalo increíble al cabo de 20 años.

– No apuestes o juegues si perder 100 dólares te jode.

– Recuerda, “obedecer las reglas es para los idiotas pero son la guía de los hombres sabios”.

“A Good Man Is Hard To Find” Lizzie Miles

Por qué

Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo al provenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros

Sinuhé El Egipcio (Mika Waltari. 1945)

Cuatro cosas que hacer y una que no hacer

Estos son los consejos que le dió a Tobias Meyer (antiguo jefe mundial de arte contemporánea de la casa de subastas  Sotheby’s) su padre cuando era un crío:

– Acaba el colegio.

– Práctica un deporte con el que puedas relacionarte con la gente.

– Además del alemán, aprende un idioma global.

– Convierte tu hobby en tu profesión.

+ No tengas mucho contacto con la religión, separa a la gente.

Entrevista en el especial de la revista Esquire “TheBig Black Book spring – summer 2013” versión inglesa.

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“Hice todo lo que me dijo mi padre ¿Qué deporte social practico? Tenis”

Pimm’s rocks

Si para José Luis Garci, en su memorable libro Beber de Cine,   el negroni es un cóctel que te sugiere “Roma, digamos una trattoria de Piazza Navona”, una jarra de Pimm’s en tus manos tiene que evocarte la primavera tardía de Londres. Debe llevarte a visionar un friendly match de cricket en Regent’s Park una tarde soleada de junio. Tienes que poder imaginar la verdísima hierba de la pista central del club de tenis de Queen’s mientras viertes el licor aginebrado en tu vaso. Su olor es inconfundible, es el aroma de  un mantel extendido sobre la hierba de Ascot coronado por  una cesta de picnic de Fortnum & Mason. En definitiva, unas gotas de Pimm’s sobre tu garganta son el parlamentarismo, Shakespeare escribiendo Romeo y Julieta, la Revolución Industrial, el Desembarco de Normandía,  son los hoyuelos de Pippla Middleton sonriendo en Wimbledon… Pimm’s es todo lo bueno que la vieja Albión nos ha dado.

Una bebida también son recuerdos de lugares. Por eso, Pimm’s me trae a la memoria tardes de sábado en la terraza del Anglesea Arms (15 Selwood Terrace, South Kensington) entre banqueros de la City suspirando por retirarse al sol de Marbella.

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Pipa Middleton y sus hoyuelos bebiendo Pimm’s. Wimbledon 2013.

Hay varios números de Pimm’s, desde el 1 hasta el 7, dependiendo  de la base sobre la que estén destilados. El número 1, derivado de la ginebra es el clásico, el original y el auténtico. La forma de adecuada de tomar Pimm’s (aunque la libertad es el bien más preciado del hombre)  es en un vaso de plástico, con mucho hielo en cubitos, sin pajita y con alguna rodaja de pepino, naranja o fresa. Su momento para tomarlo es mientras luzca el sol, igual que nuestra sangría o tinto de verano.

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Vaso de Pimm’s en el torneo de tenis de Queen’s.

Porque quien prueba una buena jarra de Pimm’s no sólo es incapaz de tomar un sólo vaso, como le pasa a los buenos cócteles, sino que cuando el calor aprieta – y da igual en el hemisferio que te encuentres – tu cuerpo irremediablemente solicitará hidratarse con este jugo, que más que en vasos se bebe de jarra en jarra. Y sino que se lo digan a David Gistau en su última visita a una plaza de toros, como cuenta en el ABC de 16 de mayo de 2014 “Hacía años que no iba a la plaza de toros de Madrid. O a cualquier otra. Es un mundo de calores al que no ha llegado el Pimm’s, inexplicablemente. En cuanto pasemos de los treinta grados, me negaré a ir a cualquier evento en el que no sirvan Pimm’s”.  Y es que donde hay Pimm’s, hay civilización, le faltó añadir a Gistau.

En Madrid hay un café con terraza donde sirven una más que aceptable copa de Pimm’s. Es cierto, que no lo traen en vaso de plástico  y, error (perdonable), tienden a ponerte pajita. Sin embargo, entre las hermosas vistas al Retiro y la Puerta de Alcalá, el sol de Madrid sobre mi cabeza y los jugos  alcohólicos con toque afrutrado  recorriendo mi cuerpo, puedo jurar que ha habido veces que he cerrado los ojos y me he imaginado estar en la terraza de The Botanist, en Sloane Square, con mi amigo Vincent que le decía al camarero “A bottle of Pimm’s for the ladies of that table. We got it”

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Cappuccino Grand Café (Plaza de la Independencia, 5B)

Blue Stoli Martini

Arruinada, sin marido, sin hijo, sin amigos y sin Hamptons. El mundo de Jasmine (Blue Jasmine, Woody Allen, 2013) se había derrumbado completamente. Sin embargo, ella siguió siendo fiel a dos de sus caprichos (o no tan caprichos) de su antigua vida,  su Birkin de Hermés y el Stoli martini.

El Stoli martini es una variante muy simple del dry martini. En vez de verter ginebra en la copa, debidamente perfumada con vermú, se sustituye por vodka. Pero no por cualquier vodka, debe ser Stolichnaya. De ahí, ¡tachán!: Stoli Martini.

“What the hell are you drinking? Let me see. What is this? Is it vodka?” Le pregunta un buscavidas.

 “Martini”.

Me gusta Jasmine, me gusta mucho, porque como diría Loriga  es una de esas “mujeres pertenecientes no a una clase superior, sino a un mundo distinto”.

De la película hay que sacar dos conclusiones.  La primera es que si te vas a comprar todo el juego de maletas de viaje de Louis Vuitton, nunca le pongas tus iniciales, porque si tu marido es un estafador no te van a dar mucho por ellas cuando tengas que venderlas para saldar deudas. La segunda es que nunca hay que preguntar a una mujer por su edad.  No porque sea una falta de educación, sino porque realmente debería darte igual.

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Cate Blanchett (1969 ¿y?). Festival de Cannes 2014.

 

 

Y así pasan los días…y yo…desesperando

Hoy hace dos semanas subía y bajaba cuestas por la moderna -a su manera- Lisboa con la bufanda de mi equipo anudada al cuello. Un buen resumen del viaje podría ser: un córner desde la derecha, un cabezazo al otro palo y dos amigos abrazados rodando por las escaleras de un estadio de fútbol.

Pero hubo algo más. Hubo una tarde de viernes y gafas de sol. De pantalones blancos y zapatos sin calcetín. Fue en una terraza escalonada encima del Tajo.  Mientras daba sorbos a varios vodkas con zumo de naranja le hablaba a mi amigo rodante, sumergido en un mundo de caipiriñas (del que sospecho no quería escapar), sobre un libro que nunca vamos a escribir.

La terraza se llamaba Noobai (Rua de Santa Catarina), y durante las casi cuatro horas que estuvimos decidiendo el mediocentro que tenía que jugar o el ilustrador que necesitábamos para nuestro libro (imaginario) sonaron muchas canciones de fondo. Aunque yo ya sólo recuerde una: Quizás, Quizás, Quizás de Pink Martini (y así pasan los dias, y yo…desesperando…)

Ahora, cada vez que escucho la canción quiero volver a Lisboa. Y no para perseguir una Copa de Europa más.

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El centro del Universo

“Dicen que cuando en Nueva York son las tres de la tarde, en Europa son las nueve de diez años antes” así comienza Enric González su libro Historias de Nueva York.

Este genial comienzo me recordó una escena de Mad Men. Tras haber estado Roger y Don en una fiesta hippie californiana típica de finales de los sesenta (piscina,  alcohol, mujeres, drogas…), Roger le dice a Don en el avión de vuelta a Nueva York:   “Know what I learned? New York is the center of the universe”.

Posiblemente Nueva York sea el centro de este universo. Sin embargo, para mí, en primavera y verano el centro del universo es una terraza en la Plaza del Rey que se llama Sifón. Allí, con mi vermú casero,  siento que juego en casa. Como Enric o Roger en Nueva York.

 

Terraza