Archivo de la categoría: Ciudades

My mojito in La Bodeguita my daiquiri in La Floridita

En el cubano más auténtico en el que he estado quise conocer cuál era su técnica  para hacer un mojito tan memorable como el que podía beber Mr. Hemingway en La Bodeguita; y con esa fórmula secreta poder deleitar con un auténtico trago cubano a mis invitados  en alguna fiesta en casa. Ya sabemos que pocas bebidas hay mejores para romper el hielo en una fiesta (cosa de ellas).

La mulata que tan alegremente los preparaba (y al ritmo cubano) nos enseñó que no hay tanto una fórmula secreta para hacer un gran mojito sino más bien  un ingrediente clave que  nunca debe ser sustituido ni remplazado por ningún otro. Guárdenselo a fuego en la memoria. Según ella, el auténtico secreto en la preparación de un verdadero mojito es que el ron debe ser siempre  (y recalcó “siempre”): Havana Club 3 años. No puede vale otro. En esto nuestra mulata fue muy tajante.

image

Yo, que siempre huyo de lo que lleva la palabra lujo o exclusividad, recordé, mientras tomaba el pescado del día con plátano frito y vaciaba un mojito tras otro, lo que un amigo con muchos viajes y aventuras me dijo hace tiempo “ningún sitio con estilo presume de serlo. Si quieres saber si un sitio es exclusivo simplemente mira a su clientela, no el precio .”

El restaurante se llama El Varadero (calle de Septiembre) y está en la pequeña isla de Isla Mujeres, frente a la costa de Cancún.  La isla es tan pequeña que se recorre entera en 40 minutos en un carrito de golf que alquilan a los turistas. No tiene pérdida encontrar esta joya de otros tiempos regentada por una familia cubana revolucionaria que huyó de la revolución.

 image

He de decir que en Madrid, en un pequeño sitio de Malasaña,  he podido comprobar varias veces como siguen religiosamente en la fabricación del “popular trago cubano” el mismo proceso que la sonriente mulata de Isla Mujeres me confesó. El lugar se llama Vacaciones (calle del Espíritu Santo, 15) y aunque no estés junto a un embarcadero contemplando un estrecho canal del Mar Caribe, merece la pena pasarse por allí y tomarse uno al modo cubano, es decir, con toda la tranquilidad del mundo; como si el tiempo se hubiera detenido.

Una ruta por Madrid con Manuel Jabois

Manuel o Jabo o Manolito o Jabois (creo que no conozco a nadie que responda a tantos nombres) acababa de regresar de Brasil de narrar para el periódico El Mundo el mundial de fútbol. Yo había salido a comprar el último libro de José Luis Garci (Foot-ball Days & Otras Taquicardias POP). Era un sábado de julio que amanecía tranquilo.

La primera parada sin destino fue en la terraza de Cappucinno (Plaza de la Independencia, 5). Creo que cayeron tres Pimm’s, por cabeza, mientras me contaba anécdotas de Brasil y de cómo planificaba sus próximas semanas veraniegas en San Xenxo. El Pimm’s no pareció subirnos mucho (o eso creíamos), hecho que le trasladó Manuel a David Gistau. Gistau es de la opinión de que los mejores Pimm’s de Madrid “los más heterodoxos” – creo recordar que le dijo a Jabo – son los que se preparan en Sudestada (Calle Ponzano, 85). Hablamos de Enric González, de vivir en Nueva York y de las minifaldas que paseaban por delante de la terraza.  También de que había escrito un artículo sobre Costa Rica que gustó mucho allí, por lo que animaría a los Ticos en lo que restaba de mundial. Ese día eliminaron a Costa Rica.

image

El sol hizo efecto y buscamos cobijo en algún lugar con aire acondicionado. Comimos en Válgame Dios (Calle de Augusto Figueroa, 43) en  una de esas mesas bajas que tienen sillones con cojines donde puedes recostarte, casi tumbarte, ponerte cómodo, un poco más cómodo, y contar anécdotas, exageradas o no, con una botella de vino. A los postres  (es decir, a las copas) apareció nuestro amigo Javi. Acababan de ingresar grave a Alfredo di Stéfano y parece que a ambos les reclamaban para escribir algún obituario. Creo que fue en la segunda copa cuando Jabois y Javi me dijeron que el mejor libro de Loriga es Lo Peor De Todo. Yo sigo defendiendo que es Héroes, pero los escritores son ellos.

Con dos o tres copas (gin tonics o vodka tónica) en Válgame – y suficiente vino encima como para pasar de exagerar las anécdotas a  directamente inventárnoslas – decidimos buscar una terraza. Unas caipirinhas en la plaza de Chueca fue el lugar elegido. Sin embargo, las caipirinhas no estuvieron a la altura de los acompañantes, así que mejor obviar el nombre del sitio.

Tras el fracaso de las caipirinhas, nada mejor que resarcirse con El Cisne Azul (Calle de Gravina, 19), a unos pocos pasos de la Plaza de Chueca. Varias copas de Ribera, boletus con vieiras y chuletillas de cabrito mientras Manolo nos decía que le estaba dando una vuelta a escribir un libro de ficción. Parece que ya había un comienzo. Debían ser las nueve de la noche y a Manu le reclamaba su amigo Antonio, el poeta.

Al poeta y sus acompañantes les cojimos en El Rincón (Calle del Espíritu Santo, 26) que tiene una tortilla de patatas gloriosa y una terraza pequeña y muy agradable.

Tras una copa de vino en El Rincón, y viendo que el día iba de excesos volvimos a cenar, ésta vez en Cabreira (Calle Velarde, 13). De allí a tomar un bloody mary a José Alfredo (Calle de Silva, 22), un clásico de la coctelería en Madrid (y de los excesos).

A las dos de la mañana y con tres Pimm’s, no sé cuántas copas de vino, una caipirinha, al menos dos gin tonics y un bloody mary, me volví andando a casa agarrando una bolsa con el nombre de una librería que contenía un libro de Garci. Al sábado de julio que amanecía tranquilo se le había ido la mano.

Y así pasan los días…y yo…desesperando

Hoy hace dos semanas subía y bajaba cuestas por la moderna -a su manera- Lisboa con la bufanda de mi equipo anudada al cuello. Un buen resumen del viaje podría ser: un córner desde la derecha, un cabezazo al otro palo y dos amigos abrazados rodando por las escaleras de un estadio de fútbol.

Pero hubo algo más. Hubo una tarde de viernes y gafas de sol. De pantalones blancos y zapatos sin calcetín. Fue en una terraza escalonada encima del Tajo.  Mientras daba sorbos a varios vodkas con zumo de naranja le hablaba a mi amigo rodante, sumergido en un mundo de caipiriñas (del que sospecho no quería escapar), sobre un libro que nunca vamos a escribir.

La terraza se llamaba Noobai (Rua de Santa Catarina), y durante las casi cuatro horas que estuvimos decidiendo el mediocentro que tenía que jugar o el ilustrador que necesitábamos para nuestro libro (imaginario) sonaron muchas canciones de fondo. Aunque yo ya sólo recuerde una: Quizás, Quizás, Quizás de Pink Martini (y así pasan los dias, y yo…desesperando…)

Ahora, cada vez que escucho la canción quiero volver a Lisboa. Y no para perseguir una Copa de Europa más.

image

El centro del Universo

“Dicen que cuando en Nueva York son las tres de la tarde, en Europa son las nueve de diez años antes” así comienza Enric González su libro Historias de Nueva York.

Este genial comienzo me recordó una escena de Mad Men. Tras haber estado Roger y Don en una fiesta hippie californiana típica de finales de los sesenta (piscina,  alcohol, mujeres, drogas…), Roger le dice a Don en el avión de vuelta a Nueva York:   “Know what I learned? New York is the center of the universe”.

Posiblemente Nueva York sea el centro de este universo. Sin embargo, para mí, en primavera y verano el centro del universo es una terraza en la Plaza del Rey que se llama Sifón. Allí, con mi vermú casero,  siento que juego en casa. Como Enric o Roger en Nueva York.

 

Terraza