Un disparo

– Sabía que ibas a ser tú quien abriera esa puerta.

– ¿Y desde cuándo lo sabías?

– Desde el día que me dijiste que me querías en Roma, en la terraza del De Russie.

– Siempre has sido muy perspicaz.

– No lo suficiente como para salvarme.

– Sólo cumplo órdenes.

– Las de tu cartera.

– Siguen siendo órdenes.

– ¿Me llegaste a querer alguna vez?

– Estás a punto de morir ¿acaso importa?

– Los condenados tienen derecho a una última petición.

– Sabes que nunca he sido de cumplir las peticiones de los hombres.

– Que sea rápido, por favor.

– No es la primera vez.

El disparo fue tan certero que la bala le atravesó por el mismo centro de su corazón. Fue instantáneo. Un solo disparo, una sola bala. Era una profesional. Se acercó al cuerpo, que yacía con el corazón roto en el suelo, lo miró y con su dedo índice le dio una caricia en la mejilla.

Ya en el ascensor, mientras pulsaba el botón de la planta del bar del hotel, se preguntó, durante tan sólo un segundo, si alguna vez le había querido.

Un pensamiento en “Un disparo”

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