Drunker

Este diciembre del 2017 se han cumplido 70 años del estreno de Casablanca. Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi y la impresión que me causó. Fueron unas Navidades en casa de mi abuela cuando yo tenía unos 14 ó 15 años. Circulaba por allí una colección del periódico El Mundo sobre las 100 mejores películas de la historia y ahí estaba ella en su cinta VHS. Me quedé pegado a la pantalla desde el momento en que apareció el mapa de África. Cuando acabó comprendí que había visto no una película, sino mi película. Sí, es mi película, no sé cuántas veces la he visto; la he visto cuando estoy triste, cuando estoy enamorado, cuando estoy feliz, cuando estoy aburrido, cuando estoy borracho y siempre, siempre, siempre lloro justo en el momento en el que cantan La Marsellesa y a una de los amantes de Rick, que tonteaba con los alemanes y vuelve con el Bien al escuchar la canción (qué difícil es para algunos saber lo que es el Bien en el 2017. Esa gente no me interesa, por cierto), se le caen las lágrimas (bufff qué guapa sale llorando).

Mi película siempre la he visto solo. La única vez que la vi acompañado fue cuando cerraron el cine Palafox de Madrid (“El mejor cine de Europa”, así se anunciaba hace muchos, muchos años). También esa vez lloré, aunque en la oscuridad del cine el amigo al que invité no se dio cuenta. Conservo dos cosas de aquella sesión: las entradas y, sobre todo, el recuerdo de ver Casablanca en pantalla grande. Fue la última sesión del Palafox. Cuando salí de ver la película pensé que cerrar un cine con Casablanca es como si eres músico y en tu funeral aparece David Bowie.

Perdón, vuelvo a la peli. Vuelvo a Ilsa ¿cómo no te vas a enamorar de Ilsa?, vuelvo al jefe de la Resistencia ¿cómo no te vas a enamorar de quien es la esperanza frente a la barbarie? Vuelvo a Sam ¿cómo no vas a querer tener un amigo como Sam? Vuelvo a Renault ¿cómo no va a hacerte gracia el mayor cínico de la historia del cine? Vuelvo al bar que siempre he soñado con tener (con una puerta secreta que te lleva a un casino y poder firmar los cheques con: OK Rick. Sé que también es el sueño de mi amigo Borja) vuelvo a Rick. Conocer a Rick es querer ser como Rick, es querer ser el tipo “al que todo le sucedió la noche anterior”, como dice Garci. Rick es un buen tipo con ideales pero camuflados en un escudo de sarcasmo y cinismo. Rick enamora a las mujeres (a todas, sí, también a nuestras madres, hermanas, novias y amantes. Lo siento, chicos), lleva el mejor bar de la ciudad y, además (y se me quedó marcado) nunca acepta que nadie se tome una copa con él. Bebe solo. Rick es el hermano mayor al que quieres imitar, es el repetidor en el colegio por el que suspiran las chicas de clase (sí, ésas que nunca se fijaron en ti cuando tenías 16), Rick bebe pero nunca se emborracha, a Rick toda Casablanca le respeta (sus empleados del bar, Ferrari, su competencia, Renault, la máxima autoridad de la ciudad, Paul Henreid, el Bien pero su competidor)… todos hemos querido ser Rick. Yo he hablado como Rick, he contestado como Rick a las chicas, he bebido solo como Rick, yo he fingido ser Rick… hasta que con el paso de los años te das cuenta de que Rick es lo que es: un fracasado.

Cuando ves Casablanca con 14 ó 15 (y luego, también, con 24 ó 25) Rick es tu modelo, Rick lo es todo, pero Rick no es ejemplo de nada. Ni pretende serlo. Rick es honesto. Rick quería amar, quería estar con Ilsa, quería tener una familia con ella, quería vivir en un país libre, con su adosado, su barbacoa los domingos y sus hijos correteando en el jardín mientras Ilsa grita desde la cocina que el pastel de manzana está ya listo pero que hay que esperar a que se enfríe para comerlo.

Cuando el mayor Strasser le pregunta a Rick cuál es su profesión y éste contesta “borracho” (drunker) no hay nada de valentía o heroicidad en su respuesta. No. Lo que está diciéndole a mucha gente es que no seáis como yo. Sin embargo, su mensaje sólo lo puedes entender cuando ya tienes unos años, cuando has viajado, has querido, te han roto el corazón y has bebido solo en las barras de muchos bares por todo el mundo.

Beber solo no tiene nada de romanticismo, a mí me gustaría beber con la mujer que amo, ni de épica, porque beber solo es lo fácil y parar lo complicado, ni de grandeza, ninguna mujer se enamora de un borracho.

Todo lo anterior lo sé porque lo que estáis leyendo lo escribo desde la barra de un bar. Acabo este texto justo cuando finiquito mi tercer dry martini.

Feliz 2018.

(Y que esta entrada sirva del más, más, más, humilde de los textos en homenaje a Casablanca)

 

12 pensamientos en “Drunker”

  1. Uno está con el Bien, tiene principios, ideales, le rompen el corazón y se convierte en un eterno fracasado por creer en algo a lo que ya nadie da valor.

    Difícil cura tiene, tengo un amigo al que le ocurre lo mismo y cree que jamás llegará el día en el que tenga que esperar a que se enfríe el pastel.

    Gracias por compartirlo.

  2. No hay propósitos para el año nuevo, solo seguir haciendo las cosas que nos gustan, las pequeñas cosas que nos gustan.

    Un buen año.

    Saludos desde el sur.

    Pd: esperada y bien recibida nueva entrada por Navidad.

  3. Gracias por seguir escribiendo, valoro tu escritura pero aún más la tenacidad de querer seguir practicándola.

    Yo también he disfrutado de ver Casablanca unas cuantas veces y con el tiempo, cada vez más, veo en el final de la película una madurez en el personaje de Rick. Heroicamente acepta el final, o lo que es igual, cede ante el bien y acepta su destino. Veo a Rick más que como un fracasado, como un perdedor. Pero un perdedor que ha escrito su destino.

    ¿Acaso no es Victor Laszlo un fracasado en el amor que sabe que Ilsa lo ama por lo que representa más que por lo que es? (se lo comenta a Rick en el café).

    Por un 2018 lleno de entradas. Saludos desde Lovaina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *