No sé si lo entendéis

Mi momento favorito de la semana comienza la tarde del viernes (sí, un día como hoy), alrededor de las 19:30 o 20 horas, cuando entro en mi bar.

La puerta de mi bar es como una frontera, cuando la atravieso dejo atrás el mundo real, el de los malos trabajos, las desgracias, los sinsabores del amor, las decepciones de la gente que querías, los jefes que tiene que demostrar (¿ante quién?) que son jefes y, sobre todo, el mal gusto, para entrar en un país de ciudadanos que tiene el corazón limpio, que no envidian, que no juzgan. Mi bar es como una nación donde te reencuentras con todo aquello por lo que merece la pena vivir (y, posiblemente, morir) los momentos de felicidad con amigos, los goles de mi equipo en el 93, los viajes de verano con veintipocos cuando aún no sabías que el mundo también contenía desgracias, el primer beso con aquella chica del trabajo ¿te acuerdas?, las noches de reyes, los partidos de fútbol en los recreos o los besos de las películas antiguas.

Agarro una revista, nunca la leo, sólo la ojeo mientras bebo, me acomodo en mi sitio de la barra (digo mío porque de tantas horas que he estado allí ya lo considero mío) y dependiendo del ánimo de la semana me pido un daiquiri, un dry martini o un negroni. Aunque hay días que me siento invencible y dejo al barman que decida por mí. Ningún buen barman me ha fallado nunca en una recomendación.

Allí en la barra, mi copa y yo miramos a todo los que nos rodea, al barman que prueba la pajita del bloody mary para saber si está picante, a las botellas de bitters, cada uno de un color, que alineados junto a las cocteleras y los vasos mezcladores parecen un ejército a punto de luchar por nuestra felicidad, a esa pareja en donde ella, con esos tacones y ese vestido, va overdressed ¿serán amantes?, a las dos chicas que hay solas tomando manhattans (abro paréntesis. Siempre me he preguntado de qué hablan dos chicas solas con unas copas delante. Son un misterio) y también al que está bebiendo solo ¿esperará a alguien o sólo querrá un momento de tranquilidad consigo mismo aquí en su Inisfree?

Ya son las 21:30 y he quedado para cenar con mis amigos, hablaremos de eso que hablan los amigos cuando se juntan: chicas, fútbol, fiestas pero también de amores, cine, libros, fracasos, proyectos y recuerdos. Muchos recuerdos. Cada vez hablamos más de recuerdos.

Mis tres daiquiris y yo estamos ya en la calle buscando el restaurante. Ya he llegado. Saludo a mis amigos. Ahora charlaremos, reiremos y luego saldremos por ahí. Pero no es lo mismo. No sé si lo entendéis.