El infierno

– Nos está tocando mucho las narices a mi familia el periodista ése.

Hace algunos jueves un amigo me invitó a la inauguración de un restaurante gallego en Madrid. Nos pusimos de pulpo y vieiras como si estuviéramos en la boda de un narco gallego de segunda (digo de segunda porque quiero pensar que en la de uno de primera, además de pulpo y vieiras, habría kilos de percebes, decenas de langostas y varios enanos paseando entre las mesas sosteniendo sobre sus cabezas bandejas de plata repletas de drogas). Todo perfecto mientras planificábamos la forma de ir a Milán a la final de la Copa de Europa y oíamos de fondo a un grupo destrozar en directo Absolute Beginners como sentido homenaje al cantante. Pobre David nos decíamos mi amigo y yo con una empanada de bacalao en la mano.

Después de charlar con las chicas de comunicación que habían organizado la convocatoria, me presentaron a un chaval simpático y extrovertido con el que acabamos hablando del libro de Arcadi Espada “En Nombre de Franco”. El chico que me acababan de presentar es descendiente de uno de los diplomáticos españoles en Hungría que salvaron a miles de judíos de una muerte segura a manos de los nazis. “En Nombre de Franco” trata de dar luz a aquella historia no siempre bien contada. Lo interesante de este libro (que no he leído pero lo tengo en la lista) es que el periodista afirma, con pruebas en la mano, que los diplomáticos españoles no actuaron por su cuenta, como reza la versión oficialista y quizás edulcorada, sino cumpliendo órdenes del gobierno franquista. Al parecer, también se desvelan las aventuras de los diplomáticos con mujeres que no eran las suyas. Vamos, lo de siempre entre diplomáticos ¿no? Nada nuevo. Sin embargo, estas revelaciones no debieron sentar bien en la familia del chico, ya que los insultos que le cayeron a Arcadi todavía resuenan en las paredes del restaurante. Yo, callado, pensé en lo afortunado que era la familia del chico porque un buen periodista se hubiera interesado en olisquear en la historia familiar mientras que en la mía ya podían ir muriendo familiares que ni el más gris y profesional inspector de hacienda iba a investigar cómo se había tributado.

Decidido ya con mi amigo que teníamos que ir a Milán y lamentándonos por no ser jóvenes herederos de una rica familia burguesa catalana para salir en coche desde Barcelona 10 días antes de la final desembarcando en San Siro habiendo hecho parada antes en Gerona, Nimes, Marsella, Saint Tropez, Cannes, Niza, Mónaco y Génova y temiendo que la banda versionara otra canción de míster Bowie nos fuimos a tomar una copa a uno de nuestros bares favoritos

Instalados en la barra del bar le pedimos un par de gintonics a una camarera muy simpática que siempre nos trata muy bien. Esa noche, sin embargo, la notamos algo rara y al preguntarla nos contó, con ojos vidriosos, que se encontraba muy preocupada y asustada por culpa de los resultados de unos análisis médicos que tenía que repetir en los próximos días. Nosotros nos ofrecimos a ayudarla en lo que pudiéramos, nunca se sabe, quizás a través de algún amigo conociéramos a algún médico especialista de su no se sabe qué, porque de momento no tenía nada. Ella, agradeciendo nuestro ofrecimiento, nos dijo que no confiaba mucho en la medicina, que creía que los métodos homeopáticos pueden funcionar igual de bien que los científicos y que los médicos le daban miedo. Bastante sorprendidos seguimos bebiendo.

Tras acabar el segundo gintonic me fui andando hacia mi casa escuchando esta versión de Mañana por Manolo Tena. Mientras cruzaba de noche el precioso Paseo de Recoletos relacioné las dos historias: la del chico que no quería asumir la verdadera historia de su antepasado y la de la camarera que niega a la ciencia. Realmente, no eran dos historias separadas, eran la misma historia, la de no querer afrontar la realidad. Entrando casi en el portal de casa recordé aquella frase que leí en un libro y subrayé: “el infierno somos nosotros”… aunque algunas veces le echemos la culpa a Arcadi o a la ciencia.

5 pensamientos en “El infierno”

  1. Muy bueno como siempre. He leído “Cuatro Amigos” y “Plataforma” por las recomendaciones que has hecho aquí, y sin lugar a dudas es de lo mejor que he leído últimamente. El último capítulo de Cuatro Amigos, el de la boda, creo que es lo mejor del libro, no sé que opinas tú.
    Estoy leyendo ahora mismo “Correcciones” de Jonathan Franzen, y es simplemente magistral. Espero que le puedas echar una ojeada. Sigue así-aunque me gustaría que escribieses más seguido. Un saludo desde Montevideo.

  2. Un placer leer estas reflexiones y alguna recomendacion…..

    Me ha faltado una….. el bar favorito para una copa un jueves noche en Madrid?

    Saludos desde el Sur.

    Je

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