¿Por qué siguen latiendo los corazones rotos?

Lunes

Ocho de la mañana. Recién despertado y sin desayunar me siento en el sofá del salón. Durante 10 minutos hago meditación con la aplicación Headspace. Me lo ha recomendado un amigo: “Dime una aplicación, pero sólo una, que te haya cambiado la vida”, le soltó mi amigo a alguien importante de Google USA en una cena. El otro día fue el cumpleaños de mi amigo y le regalé El Amor Dura Tres Años. Mientras medito, pienso que tiene gracia que él me ofrezca algo que puede cambiarme la vida y yo un libro que le pone fecha de caducidad al amor.

“Si, junto a una piscina, encuentras a una mujer que se niega a mojarse el pelo para no despeinarse, huye. Si se lanza de cabeza entre risas, lánzate de cabeza tú también.”

Martes

Hace dos años me regalaron unos Crockett & Jones los cuales recibí con la misma ilusión que cuando entraba en el salón la mañana de Reyes con seis años. Me dijeron, o a lo mejor lo leí por ahí, que un buen par de zapatos, que se cuidan con esmero y cariño, te pueden durar unos “15 o 20 años”. He cuidado a este par de zapatos más que a la mayoría de relaciones que he tenido con el sexo opuesto. Sin embargo, he notado que se me están agrietando por los lados. Me dicen en Orquera, mi zapatero de confianza, que todo viene de un día que diluviaba en Madrid, no se secaron bien y la humedad ha ido afectando la piel por dentro del zapato, donde no se podía ver el problema a simple vista. Les digo que esperaba que me duraran “15 o 20 años” y me contestan con una sonrisa “que nada es para siempre”, inmediatamente recuerdo que es la misma contestación que mi dentista me dio hace unos meses cuando le pregunté si el arreglo de la muela iba a ser ya, por fin, definitivo. Es una respuesta muy triste. Pienso en el amor.

Voy al Thyssen a ver la exposición Realistas de Madrid.

Miércoles

Me propone un amigo ir en abril a Milán a ver su feria de arte contemporáneo. Le digo que sí. Nunca he estado en Milán, excepto una vez que caí en su aeropuerto para coger desde allí un autobús destino Lugano. En Lugano vivía una rusa (una ciudad muy aburrida, me dijo varias veces) a la que conocí un verano en Saint Tropez. La historia es graciosa (o triste, según se mire). Ella se creyó que por conocerme en una discoteca de Saint Tropez yo debía ser rico y ella podría pasarse la vida viajando de hotel de lujo a estación de esquí agarrada a mis tarjetas de crédito. Tardó menos de 15 minutos, mientras cenábamos en el hotel Villa Príncipe Leopoldo, en darse cuenta de que había errado en el target. A Milán se puede ir de muchas maneras pero nunca sin unas bonitas gafas de sol. Mis favoritas eran unas Moscot que perdí en septiembre en un barco en Formentera (el día que probé el raó). Anoto mentalmente que tengo que comprarme unas nuevas para Milán.

Voy a una conferencia de Torres Dulce sobre cine, me hubiera gustado preguntarle por qué cree que Centaruos del Desierto es superior a El Hombre que Mató Liberty Valance. También me hubiera gustado felicitarle por su libro Armas, Mujeres y Relojes Suizos (que acaba con este poema).

Asisto a una guerra encarnizada de egos entre los asistentes a la hora de formular sus preguntas, así que prefiero cerrar la boca y pedir una copa de vino blanco. Acabo cenando solo en El Cisne Azul.

“Sólo hay dos cosas más hermosas que un arma: una mujer y un reloj suizo.

¿Has tenido alguna vez un reloj suizo?”

Jueves

Caigo en la cuenta que hace un mes estaba viajando a París a pasar el fin de semana. Aquel sábado pasé el día con un amigo que vive en París y a media tarde fuimos a Diptyque para comprarle una vela a su novia parisina. Yo tardé menos de tres minutos en decidirme por una; mientras que él necesito olerlas todas, dos veces como mínimo, y quedarse luego pensativo con varias. Le costó unos 40 euros. Los mejores regalos nunca son caros. Pienso en el amor. Me acuerdo de El Apartamento y de ese momento exacto en el que Shirley MacLaine se dio cuenta de que su amante no le quería porque de regalo de Navidad sacó un billete de 100 dólares de su cartera.

El Amor Dura Tres años creo que me costó nueve euros en Amazon.

Viernes

Leo en un libro sobre el cine negro escrito por José Luis Garci: “¿por qué siguen latiendo los corazones rotos?” Creo que por el mismo motivo que vamos a un banco y le entregamos un dinero; por la esperanza de que en el futuro me devuelvan el mismo importe y, si puede ser, con algo de intereses. Simplemente, por eso: por la esperanza. Me pregunta si habrá una edad límite, un punto de no retorno, en donde a un corazón roto ya no le queda esperanza.

Me gusta Headspace.

Sábado

No puedo hacer meditación porque la resaca me está matando y me he despertado a las 12:30.

Ceno en Matador con una amiga divorciada y con dos hijos. Dice que si se enamorara de nuevo y su nuevo novio le pidiera tener hijos, acordaría con él ir a una clínica de fertilidad para tratar de tener gemelos. Yo le pregunto extrañado el motivo. Pues porque si tuviera sólo un hijo podría quedarse muy solo y echaría en falta siempre a un hermano, me dice. Siempre hay que tener, al menos, dos hijos. Me confiesa que en su matrimonio, cuando ya sabía que aquello no iba a funcionar, decidió tener un segundo hijo para que su hija mayor no estuviera sola. Me quedó perplejo. Pienso que si esto fuera una partida de ajedrez yo estaría empezando la partida moviendo el peón y ella ya habría movido una torre, los dos caballos, la reina y me estaría dando jaque.

Mi amiga bebe vodka con zumo de naranja y algo de tónica. Muy buena bebida para desayunar en verano.

Son las dos de la mañana, me voy a casa.

Los pimientos con queso parmesano de Matador son espectaculares.

Domingo

Un amigo ha comprado un edificio en mi calle favorita de Madrid para hacer pisos de lujo. Voy a ver el edificio y, de paso, me quedó en la plaza Villa de París leyendo al sol Soldados de Salamina. Me fijo que en la plaza hay muchas chicas de entre treinta y cuarenta años que llevan a sus perros a jugar con otros perros. La novela tiene lo mejor que se puede decir de un libro: se lee muy rápido. Pero es muy tramposa.

Me vuelvo a acordar de París y la plaza Vendôme. También del jardín de las Tullerías y la fuente que hay con sillas alrededor. Me gustan las francesas y sus miradas de desprecio y superioridad (que esconden miedos y complejos) mientras comía en L’Avenue. Miro a un par de chicas y me pregunto si pasan la tarde con los perros porque ya han desertado de encontrar a alguien o, por el contrario, es toda una táctica para encontrarle (con perro, entiendo). Si es la segunda opción estoy ante otra partida de ajedrez perdida. Al sol pienso que no sé jugar al ajedrez, o más bien, no quiero, porque sino en aquella ciudad suiza “so boring” podría haber fingido ante mi amiga rusa que tenía un tablero de oro y unas piezas de marfil… pero aquí estoy.

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17 pensamientos en “¿Por qué siguen latiendo los corazones rotos?”

  1. Disfruto mucho con tu blog. Me veo reflejado hace 10 ó 15 años atrás. Si me permites, un consejo para alcanzar los 15 ó 20 años de uso de unos zapatos: no usarlos más de dos días seguidos, al final del día guardarlos con hormas de madera (absorben la humedad; las de plástico no lo hacen) y, de vez en cuando, ponerles betún de calidad (comprado en los talleres de los zapateros, no en el supermercado). Y, por supuesto, no mojarlos. Tenía razón el zapatero…
    Sigue escribiendo y pensando así!

    1. Gracias, Javier. Efectivamente, la clave para que te aguanten durante muchos años unos zapatos es ponerles unos pernitos de madera en cuanto te los quitas. Y, además, los pernitos tienen que ser de madera de cedro ya que esta madera absorbe muy rápido la humedad. Sin embargo, en la página de John Lobb he visto que los que venden son de madera de lima http://www.johnlobb.com/us/shoe-trees . Los míos, los seguiré queriendo siempre, aunque acabarán, más pronto que tarde, yendo a morir al cementerio de los zapatos. Es decir, un lugar en mi armario que no abro desde hace años y en el que puede que haya hasta algún muerto que se me olvidó llevar al desierto de Nevada para ser enterrado.

  2. “Me quedo perplejo” o “me dejó perplejo” (Perdón por el comentario de maniática, entiendo que es un error tipográfico). Me encanta el blog y me encanta la ensalada de pimientos de Matador también.

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