Mi resumen del Real Madrid-Celta de Vigo

En el descanso, tiritando, bajé las escaleras buscando el cuarto de baño. Giré a la izquierda y me la encontré viniendo de frente. Tenía la naricita roja por el frío y una cara tan blanquita  que parecía transparente. Su cutis era como el de una muñequita de porcelana. Debía de ser noruega o sueca. Quizás danesa. Era de una raza de mujeres donde con cada grado menos de termómetro están más apabullantes. Llevaba un anorak con capucha. Con esas capuchas en el que el borde está forrado de piel y sólo con verlas dan calor. No tenía pecas. Le asomaban unos mechones dorados que se fundían con la piel de la capucha. Andaba hacia mí como una de esas mujeres que no tienen miedo a nada. Ni a los lunes.  Era especial. Tenía unos ojos azules que estaban llenos de cosas. En esos ojos vi como en un little black  dress bailaba con una copa de champagne en V Estocolmo (quizás la mejor discoteca del mundo http://stureplansgruppen.se/nattliv/v/). También vi en sus ojos que iba a la biblioteca con el pelo recogido, unas gafas de pasta negras y que le gustaba morder el boli mientras sonreía al chico sentado enfrente. Estoy seguro de que tenía pecas. Era puro rock and roll. Pasó pegada a mí pero no me vio. Cuando se alejaba caí en que iba con un chico. Confirmando que (hasta en el fútbol) no hay perro bonito sin collar. Volví del cuarto de baño y me quedé esperándola en el mismo sitio hasta el minuto cinco de la segunda parte.  Pero no volvió a dejarse caer por ahí.

Regresé a mi sitio donde siguió haciendo frío y la lluvia no paró. Para entonces yo ya no recordaba quiénes jugaban ni de qué equipo era. Hay partidos de fútbol que siempre recordarás pero nunca hubiera creído que un Real Madrid-Celta de Vigo de liga en diciembre fuera uno de ellos. También hay mujeres por las que merece la pena cambiar de bebida, de vida, de patria y hasta de algo más importante: de equipo de fútbol. 

Al día siguiente en los periódicos se dijeron muchas cosas del partido pero nadie habló de la chica noruega o sueca (quizás danesa) con la capucha forrada de piel. Aún merece la pena ir al fútbol por la noche, en diciembre, con lluvia y frío aunque después de tantos años salgas del estadio siendo de otro equipo.

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