Gin fizz en Madrid

Un buen chorro de ginebra, zumo de limón, un toque de azúcar glas, algo de soda – siempre al final -, y el toque secreto de cada bartender  (clara de huevo, unas gotitas de leche…).

Un gin fizz entra tan bien a cualquier hora del día y en cualquier estación del año como una bebida energética después de correr la maratón de Nueva York en menos de tres horas.

Según dicen (aquí hay muchas leyendas, así que ya saben when the legend becomes fact, print the legend) gin fizz es lo que desayunaban Sinatra, Bogart, Dean Martin y demás miembros de pelo en pecho del Rat Pack cuando a la noche se le había ido la mano y acababan en el bar de algún hotel de Las Vegas mientras las señoras de la limpieza levantaban las sillas y barrían los recuerdos de la noche.

Gin fizz es lo que bebe también la pelirroja más femenina, exuberante y deseada ya no de toda la Madison Avenue, sino de lo que llevamos de siglo XXI, para celebrar la vuelta a casa de su marido de la guerra de Vietnam.

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¿Por qué gin fizz? Porque el gin fizz es la medida de todas las cosas en un coctelería. Yo no me aventuraría a entrar en un bar del que no tengo referencias (como decía Manuel Vincent), sentarme en la barra y pedirle a un barman desconocido un dry martini sabiendo que voy a tener que tomarme “más de dos pero menos de cuatro”. Un martini exige dedicación, experiencia, gusto por la vida y, claro que sí, amor; amor a este trabajo artesanal pero también a la propia vida. Como decía, empecemos por un gin fizz y pongamos secretamente al barman a prueba. Con la sentencia firme del néctar amarillo decidamos si el bar merece la pena. Si el gin fizz pasa los estrictos controles que cada uno se autoimpone ¡adelante! adentrémonos en la gloria (o en el mayor de los fracasos) que es el dry martini.

Los cuatro mejores gin fizzes que he probado en Madrid son: el de Del Diego, el del bar del Palace, el de Cock y el de Javier de las Muelas. Sin embargo, esta lista no pretende ser una lista sobre “los cuatro mejores gin fizzes de Madrid”. Ni mucho menos. Tal vez, porque no existe tal lista. Su orden es completamente aleatorio. Es, simplemente, una lista (sin muchas pretensiones) de cuatro coctelerías o bares – no tengo claro aún cómo se les debe llamar – por los que deambulo con relativa frecuencia donde tomar un buen gin fizz (y más ahora que la mayoría de los bares reducen sus cócteles a mojitos de sabores tropicales), bien como un llanero solitario o, fundamental, en buena compañía, porque si la compañía no está a la altura, lo mejor es no pisar ninguno de estos lugares sagrados y que nos arruinen así un momento diario, semanal o mensual tan deseado.

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Cada uno de estos bares tiene sus peculiaridades, sus ambientes y, lógicamente, sus precios. Sin embargo, todos ellos con una clientela tan parecida entre sí (bebedores solitarios, conquistadores, hombres de negocios, lugartenientes de la noche, mujeres resabiadas, quizás algún pesado…) que podríais intercambiarla entre ellos, como puedes intercambiar a dos abogados fiscalistas de diferentes despachos, y que nadie se diera cuenta del trueque hasta pasados unos meses. Porque como decía Pla “las tabernas no varían. Antes se alternaba La Marsellesa y el Vals de las Olas. Ahora se cantan La Internacional  y el cuplé. La gente es siempre igual. Son las canciones las que pasan”.

Mi único consejo (si me aceptan alguno), no pidan una cerveza en estos bares. Disfruten de lo artesano.

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