Moon in champagne

Hace unos días, mientras volvía a casa tras tomar una copa (sin más compañía que la de un libro) en la barra del bar del hotel Only You (calle Barquillo, 21), me di cuenta, de manera casual, de que había una preciosa luna llena en el cielo de Madrid. ¿Cuántas veces se me habrá escapado ver una luna como la de ese día?

Me quedé mirándola fijamente, tranquilo, sin prisas, con la seguridad que te da quedarte parado en la acera -mientras la gente me adelantaba por ambos lados- tras haber tomado una copa en paz contigo mismo (sólo una). Y en seguida recordé la escena de Trouble in Paradise (Un Ladrón en la Alcoba. Ernst Lubitsch). Siendo honestos, siempre que veo una luna llena me viene a la mente esa escena cuyos diálogos te entran directamente al corazón, al igual que una copa en tranquilidad (Can’t a man get a drink around this town in peace?  decía el hombre que de verdad mató a Valance). En ese momento, totalmente inmóvil mirando a la luna en una acera de la calle Prim, caí en que no se ve en la película cómo es la luna que el obediente camarero debe poner en el champán para la “más maravillosa” cena entre el falso barón y la falsa condesa.

En cuanto llegué a casa, imagino que algún vecino desde ese día piensa que vive  con un loco (o con un borracho), puse de nuevo esa escena, tan veneciana que parece pintada por Canaletto, para volver a descubrir el momento en que ella pasa en una góndola  por delante de su terraza y él, desde el balcón, sin que ni una sola palabra salga de su boca, le devuelve el saludo, le sonríe y enamorado, rendido ante ella. Luego, sin mirar al camarero, pronuncia, mirando a la luna, una de las frases más mágicas y, por qué no decirlo, más románticas que haya escuchado en mi vida.

Y así, envidié durante unos segundos (no nos engañemos, es posible que la copa tuviera algo que ver) a ese falso barón, que ya mayor había descubierto el amor. Allí estaba yo, en el salón de mi casa, creo que un miércoles por la noche, mientras tatareaba la música de esa escena (tititititititiririri tititititititiriirii –no tengo buen oído-) pensando que quizás en esa escena, de diálogos cortos y modales en blanco y negro, se había conseguido resumir en una sola frase ya no sólo lo que se llama estilo o clase, sino una manera de entender la vida. Porque se necesita toda una vida para un día poder pronunciar, mirando a la luna, en Venecia y con el camarero detrás algo con tanta sensibilidad como: Do you see that moon? I want to see that moon in the champagne.

(Yo siempre me he imaginado que la luna que estaba viendo el barón era una luna llena).

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Waiter: Yes, Baron. What should we start with, Baron? Hmmm..?

Baron:  Oh yes. That’s not so easy. Beginnings are always difficult.

Waiter: Yes, Baron.

Baron: If Casanova suddenly turned out to be Romeo having supper with Juliet, who might become Cleopatra, how would you start?

 Waiter: Hmmm… I would start with cocktails.

Baron: Very good… excellent…

(Pasa ella en una góndola. Le sonríe. Le saluda. Y él desde el balcón le devuelve la sonrisa y el saludo. Completamente enamorado)

Baron: It must be the most marvellous supper… we may not eat it, but it must be marvellous

Waiter: Yes, Baron

Baron: And, waiter…

Waiter: Yes, Baron?

Baron: Do you see that moon?

Waiter: Yes, Baron

Baron: I want to see that moon in the champagne

Waiter: Yes, Baron (mientras lo apunta en su cuaderno) Moon…in…champagne

http://www.tcm.com/mediaroom/video/210262/Trouble-in-Paradise-Movie-Clip-Moon-in-Champagne.html (a partir del 1′:40″)

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