Juan Belmonte, lecciones de vida

“Mi primer contacto con Francia me produjo gran estupor. Todo cuanto vi me pareció extraordinario. Aprendí en aquel viaje que en el mundo había más, mucho más,  de lo que desde el aguaducho de San Jacinto podía imaginarse. Resultaba que se podía vivir de otra manera, que las gentes pensaban de otro modo y se movían por unos estímulos distintos de los que nosotros sentíamos. Y resultaba también que, en definitiva, vivían mejor, más cómodamente, más amablemente.”

“Salí al ruedo como el matemático que se asoma a un encerado para hacer la demostración de un teorema. Se regía entonces el toreo por aquel pintoresco axioma lagartijero de “Te pones aquí, y te quitas tú o te quita el toro”. Yo venía a demostrar que esto no era tan evidente como parecía: ” Te pones aquí, y no te quitas tú ni te quita el toro si sabes torear”.”

“Valle Inclán era, para mí,  un ser casi sobrenatural. Se me quedaba mirando mientras se peinaba  con las púas de sus dedos afilados  su barba descomunal, y me decía con un gran énfasis:

– ¡ Juanito, no te falta mas que morir en la plaza!

– Se hará lo que se pueda, Don Ramón. Contestaba yo modestamente.”

“Recuerdo que al desembarcar en La Habana me acogió con grandes extremos un español admirador mío, que se obstinó en llevarme a su casa para convidarme a comer el cocido más auténtico del mundo. Se ofendió mucho cuando le dije que yo había salido de España y estaba por América jugándome la vida en las plazas de toros precisamente para no comer cocido. No volvió a saludarme.”

“Va un hombre por una calle de Sevilla pisando fuerte para que llegue hasta el fondo de los patios el eco de sus pasos sonoros, mirando sin tener que levantar la cabeza a los balcones, desde donde sabe que le miran a él, llenando la calle toda con su voz grave y bien entonada cuando saluda a un amigo con quien se cruza: “¡Adiós, Rafaé…!”, y da gloria verlo y es un orgullo ser hombre y pasar por una calle como aquélla y vivir en una ciudad así.

Pero aquí en Nueva York, donde un hombre no es nadie y una calle es un número, ¿cómo se puede vivir?”

 “El día que se torea crece más la barca. Es el miedo. Sencillamente, el miedo “

“- ¿Qué más te da quedar mal o bien? ¿Crees que dentro de cinco años, de diez, se acordará nadie de ti ni de cómo has quedado hoy?

– Sí se acordarán… Hay que vivir decorosamente hasta el final. Me debo a mi fama. Dentro de muchos años los aficionados a los toros recordarán que hubo un torero m uy valiente.”

“Hace quince o veinte años, gustaba todavía en España unas mujeres gordas y hermosotas, cuyo arquetipo eran las camareras de café. El ideal nacional en punto a mujer era el “peso pesado”, y no parecía razonable que un torero popular como yo la contrariase. Pasados quince años, cuando ya todas las mujeres de España se parecen a la mía es difícil comprender los caracteres de escándalo público que tuvo entonces el insolente desacuerdo con el canon nacional de belleza en que estaba aquella señorita extranjera, arbitrariamente convertida en la esposa de un torero famoso. “¿Es que ya ni las mujeres de los toreros van a ser como es debido?”, pensarían irritados los castizos.”

“El español, y más concretamente el andaluz, tiene en tan exagerada estima las cosas propias, que su conmiseración por los desgraciados que están privados de ellas le lleva a caer en errores como el que sufrió mi mozo de espadas al creer que los limeños no podrían pasar sin vino de Jerez desde el momento en que lo probaran, y el que entonces padeció Calderón al suponer wue los mexicanos se matarían disputándose sus jamones de jabugo.”

“Pero la verdad es que hay muy pocos hombres capaces de resignarse a ese bienestar burgués, que consiste en ver girar el sol sobre nuestras cabezas, bien comidos y bien descansados.”

“Amigos con quienes se pueda hablar hay muchos, pero amigos con quienes se pueda estar callados hay pocos” (En el epílogo de Josefina Carabias)

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Algunos consejos y un par de reflexiones

Querido H.:

Aquí te dejo unos consejos, y alguna reflexión, por si en algún momento te son de utilidad:

– Cuando acabes una botella (de lo que sea) no la dejes en la cubitera boca abajo. Sobre todo si sólo has pedido una  botella.

– Dobla el periódico y llévalo bajo el brazo sin que se vea su nombre. Un periódico es ideología y nadie puede presumir de ninguna.

– Mejor el pelo largo y mejor el peluquero los lunes.

– Cuando no sepas cómo llevar un traje cruzado, un esmoquin o un chaqué, busca una foto del Príncipe Carlo de Inglaterra y cópiale.

– No bebas el café con la cucharilla dentro.

– Invita a los amigos.

– No cometas dos veces el error de viajar con gente  obsesionada con buscar wi-fi, dormir ocho horas y hacer fotos con el móvil.

– De tus viajes sube a las redes sociales sólo una o dos fotos, pero que signfiquen todo un viaje.

– Los libros sobre cómo ligar o cómo hacer el amor no te deberían enseñar nada que ya no supieras…o sospechabas.

– Siempre di la verdad sobre tu edad.

– Cenar con un buen amigo nunca es tiempo perdido o dinero tirado. Algún día echarás en falta esas cenas.

– En el casino compórtate. Perder con clase tiene estilo, mucho… y has perdido igual.

 – Nunca uses pajarita con el nudo ya hecho. No es sólo un detalle más.

– A cierta edad tus amigos buscavidas dejarán de hacerte gracia.

– Al cabo de los años te darás cuenta de que los amores imposibles duran toda una vida.

El primer sombrero Panamá

El primer consejo no debería hacer falta ni mencionarlo, pero nunca está de más: un sombrero Panamá debe comprarse en una auténtica sombrerería. Con auténtica sombrerería me refiero a una tienda donde sólo vendan sombreros  (y quizás dos o tres detalles más, generalmente algún artículo de cuero) y no en tiendas que igual te venden un sombrero, unas gafas de sol, unos mocasines o una funda para el móvil.

La necesidad de acudir a una sombrerería se basa principalmente en dos motivos; el primero, es que igual que tenemos un número de zapatos también tenemos un número de sombrero, por lo que tendrán que medirte el diámetro de la cabeza para que se te ajuste correctamente, el segundo es que ellos te aconsejerán sobre el tamaño del ala del sombrero dependiendo de tu altura, peso o forma de la cara. Generalmente el ala grande es para aquellos que llevan ya muchos años usando un Panamá y se encuentran cómodos viéndose con un ala grande.

Aquí van algunos consejos de sombrerería y propio que pueden ser útiles para cuidar y llevar un Panamá:

– En ciudades de interior vaporízalo con agua de vez en cuando pero sin llegar a empaparlo. Un cierto grado de humedad favorece al sombrero, por lo que en localidades de costa parecerá que gana vida.

– No hay que dejar el sombrero expuesto a  una fuente de calor que le someta a altas temperaturas, como el maletero de un coche o sobre un radiador. Tampoco en la bandeja de atrás del coche porque el cristal hará efecto lupa y lo podría quemar.

– No son repelentes del agua. Si te pilla una tormenta y se moja, sécalo con un trapo limpio y ponlo a secar al aire libre (déjalo todo el tiempo que necesite) pero nunca lo seques sobre un radiador.

– Puedes dar forma al ala utilizando la plancha, pero siempre poniendo un tejido limpio, blanco y ligeramente húmedo entre la plancha y el sombrero. O simplemente con el propio vapor de la plancha y las manos para moldearlo.

– Llévalo un poco ladeado.

– Siempre (siempre) llévalo con gafas de sol  y siempre ( o casi) con manga larga.

– Quítatelo cuando entres en algún sitio cubierto y cuando tengas que dar dos besos (no vaya a ser que con el ala le des en la cara).

– Como siempre hay que llevarlo con gafas de sol porque es un accesorio de día, el sombrero debe retirarse a casa cuando comienza a anochecer.

– En invierno guárdalo en un sombrerero. De otro modo, no tendrás Panamá para la siguiente primavera.

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Me gusta la forma que le he dado aquí el Príncipe Carlos a su Panamá (sin gafas de sol). Levantado por detrás y con una bonita caída por delante.

Mi sombrero lo compré en Yoqs (Calle Hortaleza, 13). Me atendieron estupendamente y, con toda la paciencia del mundo, me ayudaron a elegir el modelo que mejor me encajaba. He vuelto varias veces y el trato siempre ha sido exquisito.

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My mojito in La Bodeguita my daiquiri in La Floridita

En el cubano más auténtico en el que he estado quise conocer cuál era su técnica  para hacer un mojito tan memorable como el que podía beber Mr. Hemingway en La Bodeguita; y con esa fórmula secreta poder deleitar con un auténtico trago cubano a mis invitados  en alguna fiesta en casa. Ya sabemos que pocas bebidas hay mejores para romper el hielo en una fiesta (cosa de ellas).

La mulata que tan alegremente los preparaba (y al ritmo cubano) nos enseñó que no hay tanto una fórmula secreta para hacer un gran mojito sino más bien  un ingrediente clave que  nunca debe ser sustituido ni remplazado por ningún otro. Guárdenselo a fuego en la memoria. Según ella, el auténtico secreto en la preparación de un verdadero mojito es que el ron debe ser siempre  (y recalcó “siempre”): Havana Club 3 años. No puede vale otro. En esto nuestra mulata fue muy tajante.

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Yo, que siempre huyo de lo que lleva la palabra lujo o exclusividad, recordé, mientras tomaba el pescado del día con plátano frito y vaciaba un mojito tras otro, lo que un amigo con muchos viajes y aventuras me dijo hace tiempo “ningún sitio con estilo presume de serlo. Si quieres saber si un sitio es exclusivo simplemente mira a su clientela, no el precio .”

El restaurante se llama El Varadero (calle de Septiembre) y está en la pequeña isla de Isla Mujeres, frente a la costa de Cancún.  La isla es tan pequeña que se recorre entera en 40 minutos en un carrito de golf que alquilan a los turistas. No tiene pérdida encontrar esta joya de otros tiempos regentada por una familia cubana revolucionaria que huyó de la revolución.

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He de decir que en Madrid, en un pequeño sitio de Malasaña,  he podido comprobar varias veces como siguen religiosamente en la fabricación del “popular trago cubano” el mismo proceso que la sonriente mulata de Isla Mujeres me confesó. El lugar se llama Vacaciones (calle del Espíritu Santo, 15) y aunque no estés junto a un embarcadero contemplando un estrecho canal del Mar Caribe, merece la pena pasarse por allí y tomarse uno al modo cubano, es decir, con toda la tranquilidad del mundo; como si el tiempo se hubiera detenido.

Algunas tiendas de ropa en Madrid

Existen tiendas que nos permiten escapar del aburrido  loose style de auditor de Torre Picasso y su efecto (algunas veces pienso que a propósito) deprimente. Que nos ofrecen la oportunidad de huir de prendas  con una elaboración tan estandarizada como si las hicieran en una fábrica de General Motors.  Busca algo diferente, original, con detalles especiales (un bolsillo con un tamaño o en un lugar no habitual, unos botones de colores o una chaqueta con un corte que no tengas). Que seas tú el que lleve la ropa y no ella a ti. No hay nada más estéticamente atroz que una chaqueta grande, unas mangas largas o unos bajos del pantalón que se pisan mientras se anda . Todo ello, por desgracia y por sorpresa, tan fácil de ver en abogados de la City londinense cuando me dejaba caer por Liverpool Station .

Cómprate todos los años una o dos prendas que merezcan la pena, que te encanten (aunque haya que hacer un esfuerzo), sin estridencias pero que escapen de la monotonía de la mayoría de la gente que nos rodea. Al cabo de pocos años tendrás un gran fondo de armario: un buen abrigo cruzado para el invierno, un par de zapatos que te durarán años, un blazer que estarás deseando ponerte cada fin de semana, una chaqueta de lino para una cena en una terraza, un par de trajes de baño estampados…

Classic garments never go out style

Déjate asesorar cuando entres en una de estas tiendas, elige tres o cuatro opciones que te gusten y pregunta a los dependientes cuáles elegirían ellos y, sobre todo,  deja que ellos escojan tu talla.

En estas tres tiendas encontrarás marcas  y diseñadores como Manuel Ritz, Hartford,  Cycle,  Love NYC o Altea cuyos cortes, tejidos y diseños están muy lejos de Zara, El Ganso, Cortefiel y demás marcas que nunca podrán hacer que tengas un estilo personal, como no lo tenían los abogados de la City que se juntaban a la hora de comer en Exchange Square a ver The Ashes y me explicaban con mucho cariño, todo sea dicho,  las reglas básicas del cricket. Manuel Ritz, decía, tiene chaquetas que cada vez que las veo expuestas en Barquillo 42 consiguen  la misma sensación que cuando vi a Cary Grant  pasar el control de pasaportes en Heathrow todas las semanas para ver a su enamorada Ingrid Bergman en Indiscreta (Stanley Donen. 1958): desayunar, almorzar, cenar y dormir con una chaqueta.

Barquillo 42 (calle Barquillo 42)

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L’Habilleur (plaza de Chueca 8)

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Le Marché Aux Puces (calle Fernando VI, 2)

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