Y así pasan los días…y yo…desesperando

Hoy hace dos semanas subía y bajaba cuestas por la moderna -a su manera- Lisboa con la bufanda de mi equipo anudada al cuello. Un buen resumen del viaje podría ser: un córner desde la derecha, un cabezazo al otro palo y dos amigos abrazados rodando por las escaleras de un estadio de fútbol.

Pero hubo algo más. Hubo una tarde de viernes y gafas de sol. De pantalones blancos y zapatos sin calcetín. Fue en una terraza escalonada encima del Tajo.  Mientras daba sorbos a varios vodkas con zumo de naranja le hablaba a mi amigo rodante, sumergido en un mundo de caipiriñas (del que sospecho no quería escapar), sobre un libro que nunca vamos a escribir.

La terraza se llamaba Noobai (Rua de Santa Catarina), y durante las casi cuatro horas que estuvimos decidiendo el mediocentro que tenía que jugar o el ilustrador que necesitábamos para nuestro libro (imaginario) sonaron muchas canciones de fondo. Aunque yo ya sólo recuerde una: Quizás, Quizás, Quizás de Pink Martini (y así pasan los dias, y yo…desesperando…)

Ahora, cada vez que escucho la canción quiero volver a Lisboa. Y no para perseguir una Copa de Europa más.

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